En el estudio referido del Instituto americano para la investigación del cáncer se recoge el análisis de múltiples trabajos de investigación de los que se deduce alta evidencia científica y conclusión convincente de que la actividad física previene el cáncer de colon. Esta evidencia incluye estudios de alta actividad física total en mujeres y hombre. También se ha confirmado en todos los estudios realizados con actividad física ocupacional y de descanso. Es muy relevante que en la mayoría de los estudios científicos se ha confirmado relación inversa de riesgo de cáncer con la intensidad, duración y vigor del ejercicio físico, es decir que con más altas propiedades del ejercicio en duración e intensidad menor es el riesgo de cáncer de colon.

En algunos estudios se ha considerado también el cáncer de recto o colorectal, pero la prevención de cáncer de recto por ejercicio físico no tiene tan alto nivel de evidencia científica como la prevención de cáncer de colon.
Se concluye de los múltiples estudios realizados que hay abundante evidencia epidemiológica deducida de estudios prospectivos que existe menos riesgo de cáncer colorectal con mayores niveles de actividad física total, así como con mayor frecuencia e intensidad de ejercicio físico, deduciéndose la evidencia de un efecto dosis-respuesta de ejercicio físico con prevención de cáncer de colon.
Los mecanismos considerados para este efecto beneficioso del ejercicio físico en la prevención de cáncer de colon incluyen la reducción de resistencia a la insulina, el efecto beneficioso sobre la masa grasa corporal, el posible efecto del ejercicio sobre el metabolismo de hormonas esteroideas endógenas y la reducción del tiempo de transito intestinal.
Cáncer de mama
El análisis global de prevención de cáncer de mama por ejercicio físico sale con alta evidencia científica en mujeres postmenopausicas tanto para actividad física total como para actividad ocupacional y recreacional. También se confirma que esta prevención es proporcional a los niveles de actividad física total en clara relación dosis-respuesta. Sin embargo esta evidencia científica no es tan clara para cada uno de los componentes del ejercicio físico como es frecuencia, duración o intensidad de la actividad. La valoración precisa y con rigor científico de los estudios analizados permite deducir que la actividad física probablemente protege de cáncer de mama en mujeres postmenopáusicas.
Aunque se analizan estudios prospectivos muy amplios de prevención de cáncer de mama por ejercicio físico en mujeres antes de menopausia la evidencia científica que se deduce es de perfil más bajo y de evidencia limitada, comparada con la evidencia encontrada en mujeres postmenopáusicas.
Los mecanismos considerados en esta acción preventiva de ejercicio físico sobre cáncer de mama incluyen disminución de masa grasa corporal, efecto sobre el metabolismo de hormonas femeninas endógenas con posible mejora del sistema inmune y como consecuencia general reducción de los niveles de estrógenos y andrógenos circulantes.
Cáncer de endometrio.
Se han analizado también múltiples estudios científicos realizados con distintos planteamientos de investigación, prioritariamente realizados con el formato científico de "caso-control". En estos estudios se ha valorado actividad física total, actividad ocupacional y actividad recreacional. De ellos se deduce que la actividad física de alto nivel disminuye el riesgo de cáncer de endometrio. El nivel de evidencia científica es algo inferior al de la prevención de cáncer de colon y mama.
Los mecanismos biológicos que se consideran implicados en esta acción preventiva son los mismos que los que se han valorado en la prevención de cáncer de mama.
Cáncer de pulmón.
Del análisis de los múltiples estudios científicos realizados tanto "prospectivos" como "caso-control" se deduce un cierto nivel de evidencia científica de menor riesgo de cáncer de pulmón con alto perfil de actividad física. Estos estudios incluyen valoración de actividad física total, actividad ocupacional, actividad recreacional y actividad laboral o de transporte. La conclusión científica final es que existe un cierto nivel de evidencia científica de esta relación favorable, pero que debe considerarse limitada por la dificultad de interpretación de riesgo de cáncer de pulmón y peso corporal o por la limitación que los pacientes con enfermedad crónica pulmonar tienen para actividad física siendo estos los que por otra parte tienen mayor riesgo de cáncer de pulmón.
Cáncer de páncreas.
Con la misma estrategia antes referida de estudios se deduce que hay múltiples estudios prospectivos demostrando menos riesgo de cáncer de páncreas con más altos niveles de actividad física en sus distintas formas. Se resalta que esta evidencia es limitada.
Los potenciales mecanismos implicados en esta acción beneficiosa del ejercicio físico sobre cáncer de páncreas incluyen reducción de la resistencia a la insulina, menor tiempo de tránsito intestinal, efectos beneficiosos del contenido biliar y sobre la secreción y actividad pancreática general.
Cáncer de próstata.
La revisión de estudios científicos demuestra que niveles altos de actividad física se asocian con menor riesgo de cáncer de próstata avanzado o agresivo. Hay un estudio concreto (Health Professionals Follow-up Study) en el que se confirmó patente asociación inversa entre actividad física vigorosa y cáncer de próstata avanzado en hombres mayores de 65 años.
Entre los mecanismos considerados para este efecto beneficioso pueden incluirse la reducción de los niveles de testosterona e insulina por ejercicio físico, la inducción de enzimas implicados y la disminución de stress oxidativo.
De todas las consideraciones el panel de estudios deduce que hay un cierto nivel de evidencia científica de que la actividad física se asocia con riesgo reducido de cáncer de próstata avanzado o agresivo, pero se considera que no hay suficiente evidencia para hacer una afirmación formal con rigor científico.
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